23 de enero de 2024

María Corina, una mujer liberal. Por Manuel Barreto

 

María Corina, una mujer liberal

Por Manuel Barreto - 20 de enero de 2024 12:10 am





«Para asegurar la democracia liberal, Venezuela debe exorcizar no solo el régimen y sus esbirros, sino también la visión del mundo que los puso en el poder.» Ricardo Hausmann

Hace siete años Elías Pino Iturrieta, analizando el problema del liberalismo venezolano, apuntaba: “El mensaje del liberalismo no florece en el país, debido a un descrédito que viene del siglo XIX sin lograr superación. Los técnicos que trataron de concretar las premisas de un designio liberal durante la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez quizá ignoraban la historia que conspiraba contra sus planes, o pensaron que bastaba con su voluntad para que el país llegara a la cumbre de la felicidad…”

Y es que realmente ha resultado una desgracia el transitar más de veinte años del presente siglo, y todo el siglo anterior, sin la referencia formal de ningún asomo de conducción liberal, verdaderamente democrática; que propicie la responsabilidad social del individuo, con los indispensables valores morales y con seria preocupación por el trabajo, que, de manera directa, conducirían al desarrollo y progreso de nuestro país.

El politólogo Naudy Suárez lo resume con esta sentencia: “En Venezuela no ha existido nunca una auténtica ciudadanía. La sociedad venezolana pasó de la catalepsia gomecista y el imperio del caudillismo decimonónico a formas clientelares de democracia que permitieron el crecimiento descontrolado y abusivo de los poderes del Estado”.

Resulta un lugar común culpar a los partidos políticos como los causantes de esta prolongada tragedia nacional, entre tantas cosas, por haber convertido esas organizaciones en grandes máquinas de favores personales y familiares, que van desde un puesto en un ministerio hasta el otorgamiento de contratos públicos en condiciones inescrupulosas. Pero no toda la culpa debe achacársele al estamento político, puesto que a la sombra de éste medró buena parte del sector empresarial, que, incapaz de crecer por sus propios medios, no solo se asoció, sino que se sometió de servil manera a quienes detentan el poder. Extraña – por decir lo menos – resulta esa nefasta simbiosis con un régimen que le enriquece o le lleva a la quiebra y sobre todo que le ensalza o le humilla, según la dirección del viento.

Pero no solo una parte del sector empresarial se vio afectado por esa miopía sociopolítica. Lamentablemente los cantos de sirena populistas y demagogos también han sido escuchados por sectores de la clase media y de la clase trabajadora.

El peligroso vacío de valores que se fue creando nos complicó salir de este terrible marasmo, pero no es imposible puesto que ante cualquier cúmulo de adversidades siempre hay una ventana a la esperanza que se nos abre a la luz del día, a pesar de la obligada penumbra.

Pensamos que estos terribles años han resultado todo un aprendizaje, al replantearnos la democracia no como una garantía de abundancia, de tranquilidad, sino como una forma de vida; que ella no solucionará todos los problemas, pero de ella surgirán las alternativas para las deliberaciones y decisiones apropiadas y cónsonas con el bienestar del ciudadano. Y una alternativa segura, viable y que nos permitirá ingresar como debe ser a este siglo XXI, es el liberalismo.

Hoy Venezuela cuenta con el liderazgo de una mujer que ha logrado, a punta de rectitud, coraje y capacidad, abrir esa ventana a la esperanza, asumiendo el rol que la historia le tiene destinado.

Una mujer que si tiene el valor de defender sin tapujos ni medias tinta el liberalismo como fuente generadora de progreso de la sociedad, mediante el esfuerzo productivo mancomunado de esfuerzos de los diversos sectores productivos del país: sus empresarios, técnicos, empleados, trabajadores y obreros honestos y productivos.

Una mujer que entiende a plenitud que la libertad económica es imprescindible porque solo con ella se crea y distribuye riqueza real, mientras que con el socialismo, mediante una economía centralizada en las acciones del gobierno, tan solo se plantean mecanismos para distribuir la riqueza existente a partir de perversas medidas como la confiscación, la expropiación, o la emisión descontrolada de dinero, con los resultados que todos los venezolanos conocemos.

Una mujer que propicia la idea de un Estado reducido al máximo, tan pequeño como sea posible y tan fuerte como lo requiera un nuevo proyecto de Nación… María Corina, una mujer liberal.





Sociólogo de la Universidad de Carabobo. 

Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo


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"La estrategia es averiguar qué no hacer." - Steve Jobs

16 de enero de 2024

La madurez política y el liderazgo coherente como simbiosis ideal. Por Manuel Barreto

 


La madurez política y el liderazgo coherente como simbiosis ideal

Por Manuel Barreto - 13 de enero de 2024 12:10 am


“La esencia de la estrategia consiste en la elección de lo que no se debe hacer”. Michael E Porter.

¿Tiene estrategia María Corina?, ¿Y ahora que hará …? ¿Le será levantada la supuesta inhabilitación? ¿Cuenta con una agenda? ¿Por dónde y cómo seguirá la dura brega?… Estas y muchas más son las interrogantes que se plantean no solo los comunicadores sociales, sino toda una nación temerosa, desconfiada, cansada, obstinada y burlada, a la que no se le debe ocultar los hechos de hoy con frustradas esperanzas de ayer. La angustia y la incertidumbre no nos pueden conducir a improvisados desaciertos, pues no hay más espacio para el error.

El cansancio, los nervios, la desconfianza y la impaciencia despiertan resentimientos y conllevan a la desesperanza. Abandonar el espacio público por escepticismo, desaliento, y la apatía, resulta muy peligroso en tiempos tan delicados. Hannah Arent anotaba que ser libres comporta asumir en cada uno de nosotros la posibilidad de cambio, y que la mejora de la actividad pública tan sólo depende de nosotros, de lo que estamos dispuestos a construir. Por supuesto que requerimos sin demora, una transición política, pero para ello es necesaria la actuación inteligente de los factores políticos y sociales, la participación comprometida de una ciudadanía consciente que presione con precisión donde sea necesario.

No se trata, con esta atropellada reflexión, de analizar el sinuoso recorrido de más de dos décadas de objetivos no alcanzados, sino de establecer cuál es nuestra responsabilidad para resolver el marasmo que hace rato nos alcanzó. Tampoco se trata de determinar la culpabilidad de alguien, sino de precisar qué es lo que debemos hacer, desde nuestro rol de ciudadanos, para apoyar ese proceso electoral que se aproxima, pues ya hemos aprendido que, contra la tiranía, la corrupción y el cinismo no valen sofismas ni pretextos. Y si algo tenemos que tener muy claro, es identificar contra quien es la lucha, con la debida sindéresis y sin dejarnos llevar por sentimientos innobles.

Hemos llegado a un punto en el cual se han combinado la madurez política del ciudadano (lo pudimos constatar el 22/10 y el 03/12) con ese imprescindible liderazgo creíble, lo que debería concretarse con una estrategia coherente, pues es de todos sabido que, tanto en la guerra como en la política, toda planificación estratégica debe concertarse con más prudencia que ayer, pero con más audacia que hoy, sin menospreciar los desaciertos, ni confundir los hechos y logros con la esperanza de mañana.

Ahora es el momento de ponernos de acuerdo para tejer esa sólida red, la Red 600K, que permitirá conectar a tanto compatriota, con el cívico deber de resguardar comprometidamente, el proceso electoral, con el objetivo fundamental de velar por el derecho a elegir de todos los venezolanos, lo cual no se limita a la “defensa del voto”, el día de las elecciones, sino a seguir cuidadosamente cada fase del proceso para advertir toda violación a los principios de imparcialidad que en principio debería ceñir la actuación del CNE, de transparencia en su gestión y de respeto al voto libre, secreto y sin coacción.

Para María Corina no es suficiente el empeño que sin duda pondrán en la campaña VENTE y la fuerza unitaria que le apoya. Necesita el respaldo firme, sin reticencias ni reservas, el decidido apoyo de ese ciudadano que entiende que para lograr ese país que anhela y merece, debe participar de manera comprometida.







Sociólogo de la Universidad de Carabobo. 

Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo


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12 de enero de 2024

Baruta ¿Un municipio sólido y coherente?

 



Baruta: ¿Un municipio sólido y coherente?

 

Los que ayer asistimos al cambio de autoridades dentro del CMB fuimos testigos de los enroques políticos utilizados para lograr la tan preciada nueva Junta Directiva de dicho concejo.

 

…Y dijo: ¿Qué me quieren dar, y yo se lo entregaré a ustedes? Y ellos le dieron treinta monedas de plata.

Mt. 26:15


Juramentación del nuevo Presidente del Concejo Municipal de Baruta

Nosotros los vecinos Baruteños hemos luchado por participar y lograr un merecido posicionamiento dentro de las estructuras municipales con el fin de defender espacios dentro de los barrios y urbanizaciones que conforman el municipio.

 

Hagamos un recuento:

El actual alcalde ejerce funciones dentro de la alcaldía desde hace aproximadamente 6 años, durante los cuales se ha vivido un desenfrenado crecimiento urbanístico, sin la debida planificación y consideración de las variables urbanas; así mismo se dieron en concesión terrenos municipales bajo negociaciones poco transparentes e inconsultas para los vecinos, por ejemplo las canchas de Paddle  y otras áreas pseudo deportivas; igualmente fuimos testigos de cómo el Director General de la Alcaldía y el director de Ingeniería Municipal, fueron señalados y privados de su libertad por manejos turbios dentro de la misma y aún se mantienen bajo privativa de libertad por la concesión de permisos de construcción dentro del municipio.

 

Ahora bien, la mayoría de estas acciones mencionadas fueron realizadas bajo el tutelaje de las fuerzas políticas que hoy se posicionan dentro de la recién electa junta directiva del CMB.


¿Hay coherencia en el resultado de ayer?

Pareciera que la lucha vecinal hoy sufrió un revés, pareciera que los vecinos perdimos una batalla contra los poderes oscuros que mueven los hilos del municipio.

Pareciera que no hay coherencia en este enroque para lograr el poder dentro del CMB.

 

En latín existe una frase “quid pro quo” que significa algo a cambio de algo, hoy nos preguntamos ¿Qué dimos a cambio para obtener que?


Solo esperamos que dentro de ese cambio no estén sacrificados los intereses vecinales que es al final de cuentas lo que nos interesa.

 

Armando Machado, nuevo Presidente del CMB


En conclusión:

Seguiremos atentos, seguiremos evaluando el accionar de los dirigentes que hoy ostentan los cargos dirigenciales del municipio y como siempre será nuestro voto quien ratifique su estadía en dichos cargos.

 

Como recordatorio solo dejaremos esta frase en puerta:

Recuerden que los intereses de los vecinos no se negocian, somos un bloque y velaremos por un municipio donde merezcamos vivir.


Desde BEM estaremos muy vigilantes



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Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos. 

- Martin Luther King

5 de diciembre de 2023

¿Salir de esto o salir de aquí? Por Manuel Barreto

 


¿Salir de esto o salir de aquí?

Por Manuel Barreto - 2 de diciembre de 2023 12:08 am


“Elegir la política es el paso personal que cada cual debe dar, desde su aparente pequeñez que no renuncia a buscar compañeros, para obtener lo mejor de lo posible frente a las fatalidades supuestamente irremediables…”. Fernando Savater

Es cierto que un gran número de ciudadanos, con sobradas y válidas razones, toma la acción de ingresar a esa lamentable diáspora; otros se hacen los desentendidos, unos cuantos son los aquiescentes, y por supuesto, enchufados hay a granel; pero hay otros, no tantos pero si suficientes, que se niegan a tirar la toalla, que no permiten que el derrotismo les atrape, que no pierden las esperanzas, que se oponen y se opondrán rotundamente a que les confisquen el porvenir; que no le dan espacio al paralizante fatalismo; que elevan su voz con graves y sentidas denuncias, que gritan su iracundia en la tierra para que tal clamor llegue al cielo, y así esa voz, ese noble y justo grito, se una a tantas voces llenas de indignación pero igualmente cargadas de esperanza y de aliento.

Sostienen los entendidos de la ciencia política que el tiempo es el elemento que nos indica el grado de disenso y de conflicto de una sociedad determinada y su posible acrecimiento o su disolución. La relación entre tiempo y política es importante porque permite comprender las dinámicas de los regímenes políticos. La política no es un oficio en el que la ingenuidad o la falsa viveza generen resultados positivos. La política es una lucha continua entre el ser y el deber ser.

Nuestro tiempo, éste, que en buena parte nosotros no decidimos, es abrumador, y ninguno de nosotros lo pone en duda. Una vez más el porvenir parece mostrar caminos más tortuosos para alcanzarle, y lo hace con postergaciones que en no pocas ocasiones se mimetizan en un envoltorio muy complicado de abrir; y es entonces cuando se nos presenta un horizonte bastante difuso, del cual solo emana un sentimiento de impotencia.

Más, siempre hay que hacer. Para librarse de algo, casi siempre recurrimos a la expresión «Se tiene que hacer algo mejor», sin caer en el escapismo ni en la dispersión mental. Ahora bien, si realmente nos convencemos que realmente hay algo mejor que hacer, descubriremos un país distinto: el de la profundización de la acción y el de la exigencia en los resultados.

¿Qué no tenemos espacio ni decisión?

Ahora son muchos los ciudadanos comprometidos en poner su mayor esfuerzo en participar en la movilización y la organización, en el activismo y cuanto sea necesario para consolidar esa fuerza impregnada de rebeldía, perseverancia y fe, que habrá de derrotar la vileza del sometimiento socio- económico, la dominación militar; la imparable corrupción y la imposición ideológica, que con tanta determinación -o maldad- pretende atornillar este régimen.

El momentum político señala que estos son tiempos propicios para encontrar la debida transformación de desesperanza en indignación y organización ciudadana. Nadie dice que sea fácil sobreponerse al desaliento, pero hay que intentarlo cada vez con mayor firmeza, coraje y obstinación, sin desmayar. Cada quien debe intentarlo a su manera, según sus posibilidades. La solución a esa ineludible pregunta – ¿salir de esto o salir de aquí? – se encuentra en aquellos «imprescindibles» de quienes nos hablara Bertolt Brecht… La solución somos nosotros mismos. Todos y cada uno. Salir de este marasmo dependerá del coraje y la organización de la ciudadanía en concordancia con ese liderazgo capaz y responsable.

Estos son tiempos que nos obligan a tomar conciencia que esta lucha no es fácil, pero que de aquí en adelante ni la indiferencia, la pasividad, la aquiescencia ni el pusilánime derrotismo serán permisibles ni admisibles; son tiempos de correcta direccionalidad, así como firmeza en su accionar, puesto que el derecho de la ciudadanía a escoger la que considere la mejor alternativa es un derecho inviolable.

Para concluir tomamos la invitación que, con justa razón, nos cursa Leonardo Padrón: “La lección ante nuestros errores acumulados ha sido amarga. Pero es hora de responder. De apostar duro. De vivir cada día como construcción. De devolverle a esta tierra de gracia todo lo que nos ha dado, empezando por el derecho a existir y crecer en su aire, en su luz.”

Manuel Barreto Hernaiz
https://www.el-carabobeno.com/?p=1995401




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28 de noviembre de 2023

El Despertar. Por Manuel Barreto

 


El Despertar

Por Manuel Barreto - 25 de noviembre de 2023 12:11 am


“Sentir de pronto amanecer con una inmensa claridad, dejar atrás lo que era gris para descubrir lo que es verdad”. Marco Antonio Muñiz

Este régimen demagogo y manipulador propició la mediocridad, el desinterés, el desapego, la baja autoestima, la negligencia, la corrupción, el conformismo y el temor del ciudadano, hasta con la suprema ironía de llamarle “Soberano”.


De manera irresponsable, experimentó con medidas antieconómicas y populares que en un principio favorecieron al pueblo, para posteriormente condenarlo a sistemas de racionamiento; ubicando la política por encima de la economía. Este gobierno, de manera cínica y descarada, a lo largo de estas dos décadas, prometió abundancia y engendró miseria, prometió libertad y engendró servidumbre.


Quedará entonces para la posteridad aquella cruda sentencia del ahora gobernador de Miranda, cuando era ministro de educación, Héctor Rodríguez, quien en un arrebato de sinceridad exclamó: «No es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos»… Porque, en fin de cuentas, ignorante es aquel que se siente feliz cuando sus “líderes” deciden por él, cuando este régimen le de lo que considera cubre sus necesidades.


Tal cual aquella plebe romana que se alborozaba y se sentía satisfecha cuando pedía pan y circo. Lamentablemente esa demagogia logra su cometido cuando los ciudadanos no han alcanzado su mayoría de edad y eso se observa que prefieren obedecer a pensar por sí mismos, o cuando sus intereses particulares triunfan sobre los comunes o generales. Y son el miedo y la flojera los que nos lleva a esta situación, y resulta evidente que no se puede transitar la ruta hacia el desarrollo como sociedad sin dejar atrás las causas del atraso.


Entonces, se hace menester repetirlo una y otra vez: Un ciudadano con derechos, pero ignorante no sabe qué significan sus derechos, no sabe exigir su cumplimiento y, peor aún, ni siquiera distingue cuando los pierde. Por eso una persona ignorante puede ser presa fácil de esas ofertas demagógicas que prometen cosas en vez de explicar cómo se van a cumplir los derechos establecidos en la Constitución; y recordemos que es la «pobreza de espíritu» lo que induce a compartir y creer en su propia impotencia, desesperanza, apatía y resentimiento.


La calidad de la ciudadanía es un fundamento de la democracia, pero a la vez, un resultado. Una ciudadanía más educada, mejor organizada e informada, se constituye en el mayor garante de su funcionamiento y de la institucionalidad. Ahora bien, si la demagogia encuentra con facilidad un campo propicio para germinar, crecer, desarrollarse y lamentablemente reproducirse, ¿Qué podemos hacer?


Se hace obligatorio repetirlo una vez más.


La respuesta es fácil; el logro, sin duda, muy difícil, pero no imposible: educar al pueblo para que comprenda que nada en la lucha por la vida se consigue por azar, porque «me toca por derecho» o «porque alguien me lo quitó»; que todo se construye con esfuerzo, dedicación y trabajo, que el facilismo, el paternalismo y la fractura social a cambio de votos han sido, son y serán una oferta lastimosa; que un pueblo se engaña cuando acepta como dádiva la redención sin hacer nada, que tan sólo mediante la promesa cumplible de la creación eficiente de nuevas fuentes de trabajo, de una verdadera distribución de la riqueza -conscientes de que llegó el momento de acabar con el mito de la presunta riqueza venezolana- y del esfuerzo y compromiso de todos por colocar a nuestro país en el sitial que se merece, podremos salir de este lamentable ciclo.


Nuestra sociedad que parecía adormecida y sumida en el conformismo después de más de dos décadas de disparates que nos llevaron a este terrible marasmo, parece estar dejando a un lado la modorra, para decir basta al abuso del poder por medio de múltiples manifestaciones de descontento. El tejido social deshilachado por la perversidad del régimen comienza a tejerse con la fibra de la esperanza. El despertar resulta un concepto polisémico un tanto complejo de entender. Para los científicos sociales puede ser ese proceso de transformación interior en el que se empieza a tomar conciencia de sí mismo. Despertar es abrir los ojos a la realidad que siempre ha estado ahí, pero que costaba ver por las distorsiones y las manipulaciones de un sistema perverso.


Ahora “el soberano” parece despertarse de tan absurdo letargo, y con soberana arrechera parece entender que resulta más saludable un gobierno que dé trabajo a, que uno que les mantenga con paupérrimas bolsas Claps surtidas de promesas… ¡y pasando trabajo!, pues se trata de una mayoritaria ciudadanía sana pero confundida, tal vez ignorante pero no estúpida, ingenua pero no idiota, que se ha desengañado de tanta demagogia barata, que se desilusionó de las vanas promesas de este régimen arbitrario y mentiroso. Así lo escuchamos en Maturín y también en Mantecal. Y así lo clama en sus cuatro puntos cardinales, un país que ha despertado de tan prolongada pesadilla




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- Winston Churchill

21 de noviembre de 2023

Ahora, ni que las repitan un millón de veces… Por Manuel Barreto

 

Ahora, ni que las repitan un millón de veces…

Por Manuel Barreto - 18 de noviembre de 2023 12:08 am



“La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.” Albert Camus

Se puede definir la mentira, para no caer en complicaciones filosóficas, como la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa.

La mentira política nació en la ciudad misma, como repetidamente lo evidencia la historia. El mito, a menudo, es preferido a la ciencia, y la retórica que se dirige a las pasiones es preferida a la demostración dirigida a la inteligencia.

Ya encontramos, al abrir la Biblia, que el pecado original, el que motiva la expulsión del paraíso, sea verdad o sea alegoría, surge de la mentira de la serpiente y concluye con el intento de Adán y Eva de engañar al mismo Dios. Tal vez el primer código escrito castigando a la mentira fue el entregado por Moisés a la tribu de Israel, contenido en las Tablas de la Ley, doce siglos antes de nuestra era.

Sin embargo, nunca se ha mentido tanto como ahora. Ni se ha mentido de forma tan constante, descarada y sistemática. Así las cosas, resulta un atentado contra la ciudadanía el hecho de pretender confundir la verdad con la mentira, al punto tal de exhibir la mentira como verdad. Aquí lo que tenemos es un régimen enfermo de poder, que está dispuesto a hacer lo que sea, por mantenerse atornillado en él, cueste lo que cueste, que trasgrede, corrompe y miente sin recato, dirigido por seres más falsos que una escalera de anime.

Pero lamentablemente nos hemos acostumbrado con facilidad a la mentira, o a hacernos la vista gorda ante la triste realidad que nos abofetea cotidianamente.

Hay que reconocer, en honor a la verdad, que el régimen hace maravillas – además de la coacción – con esto de la comunicación, el marketing, el «fake-new»- y la propaganda; pero, como sostenía Abraham Lincoln: «Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo. Es posible engañar a todos unos tiempos. Pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”. Ya no es cuestión de magnicidio, ni de guerra económica o invasión del Imperio.

Ni las maromas discursivas para edulcorar lo amargo de la realidad que ya le alcanza les son suficientes. Tratar de ocultar la realidad, la veracidad, la fotografía histórica o la nitidez de la radiografía nacional de un país representado por 2.4 millones de venezolanos que ejercieron su cívico y constitucional derecho de expresarse mediante la Primaria, es una prueba imborrable de una verdad que a punta de falsedades tratan de enlodar.

La corrupción de la sociedad comienza con la corrupción de las palabras. La democracia – en principio – es un sistema que consiste en saber escuchar, pero también consiste en saber explicar. Sin embargo, cuando las palabras han perdido, por la necesidad de la mentira, su sentido, nadie puede explicar nada y nadie espera entender nada.

La mentira es una deformación intencional de la realidad. Al deformar la realidad con falsedades se agrede el sentido común y se dificulta el proceso comunicativo de entendimiento entre los ciudadanos, pues con la mentira surge una discrepancia entre los hechos y los discursos.

Si estamos como estamos no es por culpa de la verdad sino de su ausencia, ya que donde se escatima la verdad ella es sustituida por la mentira. La mentira en la política es aquella acción que pretende ocultar, deformar o destruir información y hechos. Y así se hizo legendaria la fatídica sentencia de siniestro Joseph Goebbels: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad». Tal argumento dejó de ser efectivo porque se ha estado repitiendo por más de dos décadas y ahora el ciudadano abre los ojos y se percata que el reyezuelo está desnudo. Goebbels también afirmaba que la propaganda “debería ser sincronizada de manera óptima”. Desde este momento el régimen se está preparando para las elecciones presidenciales y bien sabe, según encuestas internas, que cuenta con niveles de popularidad por debajo de 10%. El asunto del Esequibo no es casualidad, es una estrategia de campaña.

La peor consecuencia de la corrupción y el clima de impunidad creado por una justicia permisiva y controlada, por organismos de control supeditados al régimen y por todo ese estamento que conforma la cadena de poder servil, es la indiferencia de una sociedad que no se escandaliza. Cuando la política se convierte en un pantanal, la culpa es de los gobernantes, pero, sobre todo, de una ciudadanía sumisa, domesticada, manipulada y clientelar que, lejos de correrlos a sombrerazos, vuelve a votarlos. Nicolás Maquiavelo, en “El Príncipe” dejó escrito: “Los hombres son tan ingenuos, y responden tanto a la necesidad del momento, que quien engaña siempre encuentra a alguien que se deja engañar.”


Manuel Barreto Hernaiz
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14 de noviembre de 2023

Estar a la altura de los tiempos. Por Manuel Barreto


Estar a la altura de los tiempos

Por Manuel Barreto - 11 de noviembre de 2023 12:10 am



 

«El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar.» José Ortega y Gasett


José Ortega y Gasset, en su obra maestra publicada en 1930, La rebelión de las masas, introduce la expresión «Estar a la altura de los tiempos», con la intención de medir de manera objetiva el estado de la sociedad del momento en base a la comodidad que ésta ofrece a sus individuos. Es la percepción que la sociedad tiene sobre sí misma en un momento dado. El hecho es que al filósofo siempre le llamó la atención cómo algunas personas se quedaban inertes tan solo en su circunstancia, como también señalaba cómo otras personas son incomprendidas por anticiparse a su tiempo.

Han pasado noventa años de la aparición de aquel extraordinario aporte filosófico que nunca ha perdido vigencia, pues hoy como nunca antes, en nuestra carajeada Venezuela, se presenta un desfase de más de dos décadas bajo este oprobioso y perverso régimen, que equivale a varios siglos de retraso en épocas pasadas. Esto es lo que podríamos entender por «altura de los tiempos», el punto al que hemos llegado y en el que es preciso situarse para vivir nuestra crítica realidad.

Estar a la altura de los tiempos implica resolver los problemas del presente pero habiendo tomado una conciencia clara del pasado del cual venimos, divisando esos caminos sin retorno que deben ser evitados. Estar a la altura de estos tiempos es lograr un intenso contacto con los problemas de ese país que nos va quedando, y ese contacto no debe ser ni limitado ni postergado en ninguna forma, sino con verdadera y clara lucidez y sensibilidad con lo cual podremos ir al encuentro de los problemas, con profundidad de análisis, integración de perspectivas, y tomar conciencia de los pasos que deberían conducir a la acción.

Estar a la altura de estos tiempos, es apoyar todo cuanto conduzca a la concordia entre todos los sectores, tanto los partidos como la sociedad civil en su conjunto, para que dediquen sus energías a preocuparse por lograr un compromiso mínimo, dejando de lado esas diferencias propias de adversarios políticos, sentando las bases de confianza mínima que hagan posible un clima de entendimiento que se fundamente en propuestas basadas en los problemas reales de nuestra región y nuestro país que interesan a los ciudadanos, sustentadas en un mensaje serio, sin los innecesarios aditivos demagógicos fuera de la realidad actual, o en anticipados repartos del pastel que aún no se ha horneado.

Estar a la altura de estos tiempos es enfrentar con firmeza este marasmo, este colapso indetenible, que aterroriza y desgasta la salud mental de toda nuestra nación, para que cada familia venezolana pueda realizar una vida de absoluta normalidad, que pueda acostarse y conciliar el sueño sin temor, sin angustia y con esperanzas.

Estar a la altura de los tiempos es entender la actitud de vivir con ese compromiso que adquirimos para ganarnos el derecho a realizarnos con un profundo sentido existencial. Porque, honrar un compromiso es entregar nuestro existir por lo que creemos, es vivir para dejar lo mejor de nosotros mismos, por mantener nuestras convicciones.

Estar a la altura de los tiempos es impedir que todo acabe en indiferencia, resignación y silencio. Estar a la altura de los tiempos es apartar el sectarismo senil; es innovar, anticiparse, y hacerlo con humildad, porque el anticiparse exige muchas veces contener el ansia de prevalecer sobre otros, moderar la precipitación y situarse en una posición de aparente desventaja. Es procurarse ideas claras, programas definidos, madurez política y, sobre todo, la humildad suficiente para posponer las ambiciones personales y no anteponerlas al interés de la ciudadanía.

Estar a la altura de los tiempos es tomar conciencia que esta lucha no es fácil, con riesgos y la ineludible coacción por el solo hecho de aspirar un país mejor, pero que de aquí en adelante ni la indiferencia, la pasividad, la aquiescencia ni el pusilánime derrotismo serán permisibles ni admisibles; es exigir a los líderes demócratas unidad y direccionalidad, así como firmeza en su accionar, puesto que el derecho de la ciudadanía a escoger la que considere la mejor alternativa es un derecho inviolable.

En realidad algo muy serio nos pasa. Como decía Ortega, no sabemos con certeza si «lo que nos pasa es no saber lo que nos pasa».




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- Winston Churchill

7 de noviembre de 2023

Ahora es el momento propicio de prepararse. Por Manuel Barreto

 

Ahora es el momento propicio de prepararse

Por Manuel Barreto - 4 de noviembre de 2023 12:10 am



«El porvenir es un edificio misterioso que edificamos en la oscuridad y que más tarde deberá servirnos a todos de morada». Víctor Hugo

Con aleccionadora sensatez y madurez política y bajo una extraordinaria conducción de la Comisión Nacional de Primaria, se llevó adelante ese proceso cívico que demostró que cuando se concatena la correcta organización política con la comprometida participación de los ciudadanos, el objetivo puede ser alcanzado.

Ahora es cuestión de ir dejando a un lado esa maraña «comunicacional» que pretende desviar una irrefutable realidad; así las cosas, no insistimos en discutir los detalles de la ocurrente sentencia, en virtud de lo ya debidamente explicado tanto por la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, como por eminentes juristas y destacados politólogos.

La reconstrucción del país que nos merecemos tiene que ver directamente con la edificación de instituciones democráticas, que tengan en el centro la rendición de cuentas y el servicio a la ciudadanía.
Este punto resulta fundamental: la ciudadanía tiene que aprender a poner límites a los excesos del poder.

Atrás va quedando ese panorama, en el cual los árboles no nos permitían ver el bosque; esa altisonante avalancha de palabras cargadas de improperios y violencia, que ya resultan harto monótonas, que, si bien antes solía distraernos, confundirnos y atemorizarnos, hoy nos indican que se aproxima, de manera inexorable, el fin de esta historia.

Atrás van quedando los llamados trapos rojos, «peines» o simples triquiñuelas que lograban desmovilizarnos, transfiriendo, en muchas ocasiones nuestro rol de actores, al de simple espectadores, por considerar que, «ni que hagamos lo que hagamos», o bien, “la cosa está como botica de pueblo… sin remedio”. Ya los tiempos de resignación han quedado atrás, y eso se siente en el ambiente.

Ahora a prepararse a salir de un sistema autoritario, que cotidiana y sostenidamente ha violentado los derechos humanos de muchos ciudadanos, mediante las complicidades que se apoyan en la impunidad de fuerzas oscuras al margen del derecho; y en la falta de políticas públicas claras de salud; en materia de medios de comunicación, de educación pública, de impartición de la justicia, de sempiternos conflictos con las Universidades, de ciencia y tecnología al garete, de finanzas sin control.

El paso fundacional de una primera alternancia en el poder, de la competencia política y de los reacomodos de fuerzas servirá para empezar la tarea inmensa de edificar una institucionalidad democrática y fortalecer una ciudadanía verdaderamente dispuesta, comprometida y participativa.

Ahora es el momento propicio de prepararse a superar, desterrar y sustituir no sólo los desmanes y disparates de este régimen, sino los inolvidables desaciertos de «aquel entonces», para ingresar, tal como lo merecen las nuevas generaciones, en el siglo XXI.

De prepararse a salir de un sistema autoritario, que cotidiana y sostenidamente violentó los derechos humanos, de muchos ciudadanos, mediante las complicidades que se apoyan en la impunidad de fuerzas oscuras al margen del derecho.



Sociólogo de la Universidad de Carabobo. 
Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo

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"La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás."

- Winston Churchill