Tú Eres El Jefe · Entrega 1
El Gran Malentendido
Durante años nos enseñaron a pedirle favores a quienes deberían rendirnos cuentas. Esa confusión tiene nombre, tiene origen, y sobre todo, tiene solución.
Hay una escena que se repite todos los días en Baruta: un vecino necesita resolver algo —un hueco en la calle, una luminaria dañada, un trámite atascado— y en lugar de exigir, pide. En lugar de reclamar, ruega. Se acerca a la ventanilla con la misma actitud con la que se pide un favor a un desconocido, cuando en realidad está frente a alguien que trabaja para él.
Eso tiene nombre: el gran malentendido.
La analogía del ciudadano como empleador es la más poderosa para romper esta barrera mental. Es cotidiana: todo el mundo entiende qué significa contratar a alguien, exigirle resultados y despedirlo si no cumple.
El problema es que en Venezuela —y en gran parte de Latinoamérica— esa relación se invirtió culturalmente. El ciudadano le pide favores al alcalde en lugar de exigirle resultados al funcionario que paga con sus impuestos. Con el tiempo, esa inversión se volvió costumbre, y la costumbre se volvió resignación.
Un manual de funciones que nadie te mostró
La verdad es esta: el alcalde es tu gerente general. Los concejales son tu junta directiva. Las elecciones son tu proceso de selección de personal. Y tus impuestos —el derecho de aseo, el impuesto sobre inmuebles, la patente de industria y comercio— son el sueldo de quienes te gobiernan.
Nadie contrata a un gerente sin revisar su hoja de vida. Nadie deja pasar meses sin preguntar en qué se gastó el presupuesto. Y sin embargo, en la vida cívica, aceptamos ambas cosas como normales.
Hace 2.400 años, Platón ya lo había explicado con una metáfora sencilla: en un barco, la tripulación suele elegir como capitán al que promete un viaje fácil, no al navegante experto que advierte las tormentas. Preferimos la seguridad que ofrece el más convincente sobre la preparación del más capaz.
Esa preferencia no es un defecto individual: es un patrón histórico. Y reconocerlo es el primer paso para dejar de repetirlo.
Por qué hablamos de parálisis institucional
Cuando un servicio público falla de manera sostenida —un hueco que no se repara, una respuesta que nunca llega— la tentación es buscar un culpable individual. Pero la mayoría de las veces lo que hay detrás es algo menos dramático y más persistente: parálisis institucional, desapego técnico, cadenas de responsabilidad que nadie termina de asumir.
Entender esa diferencia importa. No se trata de buscar villanos, sino de construir la costumbre de auditar: preguntar, comparar, exigir con datos en la mano. Esa es, exactamente, la función de la contraloría ciudadana.
Lo que viene
Con «Tú Eres El Jefe», Baruta en Movimiento inicia una campaña de formación ciudadana pensada para enseñarte, entrega por entrega, qué puede exigirle cada baruteño a cada funcionario: qué administra el alcalde y qué no, para qué sirve realmente un concejal, cómo leer una hoja de vida antes de votar, y cómo hacerle seguimiento a quien resulte electo.
Porque votar no es el final. Es el inicio de un contrato. Y todo contrato se supervisa.
Baruta tiene todo para funcionar bien. Y tú eres parte de esa solución.
— BEM
«El que no exige, consiente.»
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