15 de febrero de 2023

Defensa del Voto, Tarea Primaria. Ismael Pérez Vigil

 

                                                                                                                                                                                                                                                              Defensa del Voto, Tarea Primaria


Ismael Pérez Vigil - Politólogo
11 de febrero de 2023



La próxima semana, el día 15 de febrero, la Comisión Nacional de Primaria (CP) convocará el proceso electoral de la Primaria para elegir el candidato unitario de la democracia venezolana. Lo hará, además, anunciando la fecha de la elección y todo el cronograma que se seguirá en ese proceso electoral, tal como lo establece el artículo 30 del Reglamento de Primaria.

Con aplausos o críticas, allí estará la fecha, que será referencia y servirá para recordar el elemento más importante que está detrás de todo esto: la institución del voto; el voto como mecanismo para rescatar, para enrumbar la vida democrática del país. Ese principio fue muy bien remarcado y declarado por la CP en su primer informe de balance de actividad del 12 de diciembre de 2022, al destacar que:

    “C.- Debemos rescatar el valor del voto como instrumento para la democratización y debemos promover la mayor participación posible en la Primaria, con miras a apuntalar la amplia concurrencia del electorado a la elección presidencial.” (Texto del informe de J.M. Casal, 12 de diciembre de 2022)

Por lo tanto, la ocasión es adecuada para tratar una vez más el valor del voto y la defensa del voto, tema al que he dedicado innumerables líneas y artículos a lo largo de estos 24 años.

Acciones contra el voto.

No es necesario repetir todas las acciones en contra del voto, como expresión de la voluntad democrática, durante estos 24 años, los conocemos bien; pero sin duda tuvieron sus momentos “estelares”, que han minado las posibilidades de triunfos electorales de la oposición y que nos han conducido a improductivos procesos de abstención, que han ido dejando al poder legislativo, gobernaciones y alcaldías en manos del régimen.

La desestimación del voto, por diversas vías, se convirtió así en la estrategia política del régimen; a eso le siguieron otras acciones, bien conocidas, que no vale la pena describir o enumerar nuevamente.

Rescatando el valor del voto.

Difícil y escabroso ha sido el camino para rescatar el valor del voto, que sin embargo cuenta con muchos triunfos parciales y menores, en importantes alcaldías, gobernaciones y otros eventos electorales. Por solo señalar unos pocos de esos triunfos importantes, podemos recordar que en 2006 se logró una candidatura unitaria para las elecciones presidenciales de ese año, viniendo de un proceso abstencionista en 2005; que en 2007, con el triunfo en el referéndum se impidió modificar la constitución de 1999; y que, desde luego, en 2015, se logró el triunfo en la elección de la Asamblea Nacional.

No voy a describir todos los acosos y agresiones a esa Asamblea, que remataron convocando a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en 2017, espuriamente elegida, con resultados electorales que nunca fueron publicados. Una ANC que además nunca hizo esa constitución −tarea para la que fue electa−, que solo aprobó algunas leyes, tarea que no le correspondía, y actuó paralelamente a la legitima AN2015 y hasta convocó, ilegalmente, elecciones presidenciales anticipadas en 2018. Rémora que aún persigue al régimen actual.


Episodios extremos.

En este recuento en defensa del voto, solo voy destacar dos episodios extremos y desdichadamente memorables, en la tarea del régimen para la desestimación del voto y que son preludio de lo que pudiéramos esperar de ahora en adelante, si no estamos prevenidos.

El primero fue en 2017, cuando se desconocieron los resultados de las elecciones de gobernador en el Estado Bolívar, anulando las cifras que arrojaron algunas actas electrónicas emitidas por las máquinas de votación y reemplazándolas por actas manuales, despojando así del triunfo al candidato opositor y dándoselo al candidato del gobierno.

El segundo fue en 2021, en las elecciones de gobernador del Estado Barinas, en las que inhabilitaron al ganador opositor y ordenaron repetir el proceso electoral, tras inhabilitar también a otros dos posibles candidatos opositores; afortunadamente, prevaleció el ánimo unitario de la oposición, que fue capaz de seleccionar un candidato, que resultó triunfante en la repetición de las elecciones convocadas en enero de 2022; triunfo inobjetable, a pesar del enorme esfuerzo en movilización y recursos desplegados por el régimen.

Nuevas oportunidades.

Se nos presenta ahora, en 2024, una nueva oportunidad con la elección presidencial que constitucionalmente corresponde hacer en ese año. Pero previo a ese evento, tenemos en este 2023 un proceso de elección Primaria para la selección del candidato unitario de la oposición democrática, que nos abre la posibilidad de mostrar al pueblo venezolano una cara unida y una alternativa para superar este oprobio y ganar las elecciones de 2024.

Son dos hitos interconectados y dependientes, pues no se tendrá éxito en 2024, si no se logra un buen éxito en la elección Primaria de 2023. Un éxito que va más allá de la primaria misma, confirmando una unidad política que a su vez trascienda el hito electoral de 2023, se proyecte hacia 2024, e incluso hacia el 2025, año en el cual debemos elegir Asamblea Nacional, Gobernadores y Alcaldes. Para ello se deben sortear algunas barreras.

Cifras en la Primaria.

En la elección Primaria de 2023, la primera línea de defensa del voto es la primaria misma, su efecto sobre la unidad al seleccionar un candidato −unitario− de la opción democrática del país y su efecto sobre la movilización popular para lograr este objetivo. Naturalmente, un factor importante de esa defensa del voto está en los Centros Electorales y en las Mesas de Votación; es decir, lograr un alto número de votantes y cubrir todas las mesas con miembros de mesa y testigos de los candidatos.

Como toda elección primaria, obviamente concurrirá un porcentaje del universo electoral, que aún es prematuro estimar; pero, es válido recordar que, en la última experiencia de este tipo en Venezuela, en el año 2012, participó casi un 17% del electorado, 3 millones 80 mil votantes, aproximadamente, del universo electoral y fue la elección primaria más exitosa, a nivel mundial, hasta ese momento.

Con base en las experiencias de procesos anteriores, similares, el número de votantes se repartiría en algunos miles de mesas, que será necesario cubrir, movilizando también varios miles de miembros de mesa y testigos de los candidatos. Qué duda cabe que ese es un buen desafío de movilización para los candidatos y las organizaciones que los apoyen −varios millones de electores y varios miles de activistas defendiendo esos votos− y sería un buen comienzo para un exitoso 2024 y 2025. Ese es el tamaño del desafío que tenemos por delante.

 

Algunas barreras.

Para lograr superar ese desafío, desde luego que hay barreras de carácter técnico, que dejaré para otro momento. Pero, en lo político, es preciso que se imponga, lo ya mencionado de mantener el espíritu unitario, que se mantenga igualmente la presión internacional para unas elecciones libres y justas y la movilización interna, sobre todo ahora que hemos visto, a principios de este año, el resurgir de la protesta por razones económicas, sueldos y condiciones de vida.

Igual de importante es superar barreras en lo emocional; es indispensable superar el desánimo de los venezolanos, la desesperanza, el rechazo de la política y su marginación de los procesos electorales, tareas difíciles; pero, además, no facilitemos la estrategia del régimen de minar y desmerecer el valor del voto.

Conclusión.

La elección del candidato unitario mediante un proceso de primaria no solo es una buena oportunidad para que sea el pueblo, de manera directa, quien decida quien quiere que sea su representante para enfrentar al candidato del gobierno, sino también es una buena oportunidad de movilización y motivación, de estimular a un país que aparece un tanto aletargado en materia política.


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14 de febrero de 2023

La ciudadanía está atenta. Por Manuel Barreto

 

                                                                                               La ciudadanía está atenta 

Por Manuel Barreto - 11 de febrero de 2023 1:00 am




“La responsabilidad social de los políticos, es tal, que ellos no pueden señalar, aseverar y asegurar aquello que los ciudadanos con especulaciones indican desprevenidamente“ Luis Carrillo Navas


Hace cierto tiempo apuntaba Ruth Capriles: “La política de los políticos busca soluciones rápidas y líderes que las ofrezcan. La política ciudadana busca redefinir los problemas; ofrece el trabajo espontáneo de ciudadanos que asumen responsabilidades y se convierten ellos mismos en solución”

Los políticos no generan prosperidad, pero pueden contribuir a ella facilitando marcos legales estables. Somos los ciudadanos los que la creamos con nuestro trabajo. Ya lo hemos evidenciado en estos veinte años: No hay progreso sin Estado de derecho, pues en un marco de arbitrariedad nadie toma decisiones ni se implica a largo plazo. Así, la calidad de nuestros gobernantes tiene que ver con nuestro nivel de vida.

Gobernar para todos requiere prudencia y no el comportamiento autoritario que, en nombre de una presunta equidad o de opiniones supuestamente mayoritarias, sólo atiende a un sector políticamente afín, dejando a un lado al resto; cuando lo que se espera de un buen gobernante -está escrito en todas las obras dedicadas a la ciencia política- es que sea aquel capaz de tomar decisiones, aún en contra de sus ideologías, pues él no sólo ha de gobernar para sus partidarios, sino para todos los ciudadanos. En reciente entrevista afirmaba Gustavo Coronel: “Una nación no puede progresar sin poseer una masa crítica de buenos ciudadanos activos. El estancamiento de Venezuela es debido a la ausencia de esa masa crítica. No importa cuán rica sea una nación, no podrá avanzar sin esa masa crítica de buenos ciudadanos activos”.

Weber decía que las cualidades ideales de un político son tres: sentido de la responsabilidad, pasión y mesura, y que sus vicios eran, de la misma forma: la ausencia de responsabilidad, la falta de objetivos firmes y la vanidad. Actualmente los ciudadanos detestan en los partidos políticos sus sempiternas disputas internas, pero también esa verbal hipocresía al llamarse entre ellos “camaradas o compañeros, altos panas o hermanos del alma”; pues puede ser compatible un vínculo de estrecha amistad con la convicción de que el otro será una pieza utilizable, manipulable, descartable en un momento dado. Hoy presenciamos como todos desconfían de todos, una vez más está presente la lucha de intereses contrapuestos; se evidencia la amarga pelea entre pares, resulta inocultable la enemistad cívica. Se afirma como ineludible sentencia que en la política – esa que busca el poder – no hay amigos, lo que hay son aliados temporales e intereses. Los liderazgos suelen ser efímeros y como lo hemos visto, se ponen en duda, en un principio con cierta sutileza y luego con rotunda rudeza. Siempre ha sido así y por eso es tan habitual la traición, porque no hay alianzas perennes en aquellos que aspiran el poder.

Ya en la arena electoral -que esperamos no se transforme muy pronto en el pantano- han aparecido bastantes aspirantes, algo hasta sano para el libre curso de esa anhelada presunción de un sistema democrático, considerando, por supuesto, que se mantengan y se respeten los pocos acuerdos de respeto y unidad que vayan quedando. Ya toda la ciudadanía está preocupada -y ya le llegará el momento de ocuparse del asunto- pues ha tomado conciencia de cuánto le atañe en estos espacios tan complejos de la política. Ya está atenta al candidato que establezca los verdaderos nexos en términos de representación, dando lo mejor de sí por ser el promotor de acciones concretas para el futuro que anhelamos; que no sea un producto del marketing electoral, sino un estadista con experiencia y alto nivel de compromiso, en lugar de un creador de utopías retrógradas; que no pretenda reunir bajo su control la suma del poder de muchos para hacer con él lo que quiera. La ciudadanía está atenta y a la espera de un candidato o candidata que no manipule ni enajene, que no requiera de la ignorancia ni de la irracionalidad para lograr su objetivo.
La ciudadanía espera de sus líderes y partidos políticos una actitud verdaderamente cónsona con los tiempos que nos han tocado vivir, en los cuales habremos de seleccionar una persona con condiciones muy especiales, que logre desplegar aquellas virtudes platónicas tan necesarias en este tercer milenio -sabiduría, coraje o fortaleza de ánimo, templanza y justicia- para que realmente nos represente en el rescate del porvenir de nuestra arrasada Nación.




Sociólogo de la Universidad de Carabobo. 
Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo





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8 de febrero de 2023

Los 85 años de SIC y Luis Ugalde. Por Ismael Pérez Vigil

         

Los 85 años de SIC y Luis Ugalde

Ismael Pérez Vigil - Politólogo
4 de febrero de 2023


A pesar del título, no voy hablar de SIC, la revista religiosa (?) que cumple 85 años, de la mano de la Compañía de Jesús, de los jesuitas. Pero si voy a reseñar el artículo que para celebrar este aniversario escribió el Padre Luis Ugalde S.J.: SIC: 85 años, que ha sido publicado en varios medios (p.ej. en la página de Cesar Miguel Rondón: https://bit.ly/3Yg4RP6) y que invito a leer, sobre todo para los datos históricos, pues seguramente en la lectura del original se resume la historia de la revista, mejor de lo que yo lo pueda hacer. Los textos entrecomillados y en cursiva son tomados textualmente del artículo.

 

El Padre Ugalde, siempre es una fuente de inspiración de temas, de datos, de ideas y de reflexión y el artículo sobre SIC es además un interesante resumen de la historia política del país y la vida de la revista se desarrolla en paralelo. Por décadas, en cuatro trancos, Ugalde nos va resumiendo y llevando a una reflexión sobre el pasado, presente y futuro de nuestra realidad política, a la vez de hacernos reflexionar en un tema, oxidado en los recuerdos o extraño para muchos: la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Años treinta, el nacimiento.

Como bien nos dijera Ernesto Sábato, en Heterodoxia (Alianza Edit. 1973): los siglos no terminan −ni empiezan− al mismo tiempo para todos; así como hoy el siglo XXI no ha empezado en Venezuela, SIC, nace en 1938, en la Venezuela del post gomecismo, que intentaba despegar de 27 años de adormecimiento, tratando de llegar al siglo XX, que apenas logra casi cuatro décadas más tarde. Además, nos agrega Ugalde, SIC nace como un vocero, no oficial, de la Iglesia, cuando en el mundo se desarrollaba también, desde hacía una década “… la ilusión salvadora del comunismo marxista, ateo y dictatorial…”; nace SIC, entonces, para aportar a ese contexto la DSI, en el intento de contribuir en el “…reto formidable de construir una sociedad de la dignidad humana y del bien común en libertad y solidaridad.”

Década de los años cuarenta.

Nos habla el artículo del salto a la democracia entre 1945 y 1948 −el llamado “Trienio Adeco” −, y nos describe esos años, hasta 1958 incluso, como el fracaso que supuso los primeros años de los partidos políticos en el poder y el intento de controlar y estatizar de manera exclusiva a la educación, a lo que se opuso la Iglesia y, naturalmente, la revista SIC. La revista defiende duramente “…el papel central del Estado en la educación, pero sin exclusiva, y fomentando la responsabilidad educadora de la familia y de toda la sociedad.” Parafraseando la expresión latina (dura lex, sed lex), podemos decir, “dura enseñanza, pero enseñanza” para los partidos que entendieron −especialmente AD− que ese no era el camino: “AD aprende, se corrige y décadas después será el partido de mayor contribución al crecimiento de la sociedad educadora plural…” Quizás hoy, en pleno enero del siglo XXI, al que después de 23 años aún no hemos llegado, estamos viendo en las calles y en la protesta de los maestros, además de sus naturales y justas reivindicaciones económicas, el grito porque se eduque en libertad, sin adoctrinadores juveniles ni milicianos, a los hijos de los venezolanos.

Final de la década de los años cincuenta.

Tras el golpe militar de 1948, que pospuso la democracia, ésta regresa en la agónica década de los cincuenta, “…con espíritu unitario, superando el sectarismo…”; y hace Ugalde en el artículo un notable resumen de lo que fue el −denostado hoy por algunos y añorado por otros− Pacto de Puntofijo y nos describe o resume de manera notable, lo que ahora, en 2023, debe ser una inspiración política de los venezolanos, en el momento en que sentimos que se nos achica el país, que se nos adormecen la política y los partidos democráticos y anhelamos que resurjan: “…con un pacto de entendimiento…” como el Pacto de Puntofijo, que lime las asperezas y enfrentamientos que estamos viviendo y nos conduzca a un acuerdo similar, en la Primaria que se avecina, cuyos objetivos sean: “…defender el pluralismo partidista, la alternancia en el poder y apoyo de todos al gobierno del partido ganador…”, que nos permita iniciar la transformación del país a partir del 2024.

Los años sesenta.

La década de los sesenta, nos dice Ugalde, fue de entendimientos plurales, de superación del sectarismo: “…exitosa década democrática (1960-1970) …(en la que)…SIC apostó fuerte a la democracia y a la formación de organizaciones sociales y de jóvenes y apoyó a la alianza democrática entre socialdemocracia y socialcristianismo…”, que contribuyó a enfrentar la insurrección de izquierda, instigada por el oscurantista comunismo cubano y los intentos de golpes militares en el país, de los que añoraban las dictaduras de décadas y siglos anteriores.

En esta década se intentó, sin completo éxito “…el desarrollo de una sociedad democrática, inclusiva y participativa.” Y el artículo de Ugalde nos recuerda el Concilio Vaticano II (1962-65) de Juan XXIII y al Episcopado Latinoamericano reunido en Medellín (1968), que invitaban y predicaban: “Vivir la Iglesia y construir la sociedad desde los pobres y excluidos.” Los años setenta, década que paso rápidamente, fueron años de debates duros, confrontaciones, acusaciones a la Iglesia −y a SIC− por el diálogo entre marxistas y cristianos que discurría en algunos círculos intelectuales y universitarios del mundo y de Venezuela, como parte de ese mundo.

El Siglo XXI.

Lamentándose, el sugestivo artículo de Ugalde nos recuerda el estancamiento de nuestra democracia y sus logros económicos y sociales; el estancamiento de los partidos y su “…voluntad transformadora…”, que nos sitúan en nuestro peculiar siglo XXI y en lo que nos acogota: el nefasto surgimiento del “…populismo mesiánico… el personalismo mesiánico y la ilusión de que de la mano de un hombre fuerte, armado, Venezuela lograría casi milagrosamente el reparto de la «inmensa» riqueza petrolera…” Que se nos resalta y se nos refleja en las calles, en las protestas y en las miserias que vemos, por causa del “…Mesianismo rentista…” y de lo que en su momento muchos no vieron “…que el «socialismo del siglo XXI» era el camino para eliminar toda democracia y empobrecer a todo el país.”, tragedia que hoy todos sufrimos y buscamos como librarnos de ella.

Conclusión.

Ugalde concluye con lo que creo que es un exhorto para todos los venezolanos, especialmente para quienes nos dedicamos a pensar o hacer política: “…contribuir a la creación de una Venezuela libre, justa y productiva…una sociedad solidaria… donde los pobres se sientan en la mesa central y no como mendigos que sobreviven con las sobras de comida que caen de la mesa de los saciados.”

Duras pero reflexivas palabras, para concluir ese paseo por los 85 años de SIC, que, como ya dije, son también una notable descripción en paralelo de esos años de la Venezuela que hoy sufrimos y vivimos y que estamos comprometidos a rescatar.

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7 de febrero de 2023

El Sarampión. Por Manuel Barreto




El Sarampión 

Por Manuel Barreto - 4 de febrero de 2023 1:00 am





 “Quien de joven no es comunista, es que no tiene corazón. Quien de viejo es comunista es que ya no tiene cabeza…” Willy Brandt

Recientemente circuló en las redes sociales un ameno artículo de Jose O. Ceballos P, titulado ”Cuando era bobo”. Esas anécdotas me invitaron a pasear por ese tiempo de trágicas ” bobadas” que a buena parte de la juventud engatusaron. Palabras más palabras menos José Ceballos nos cuenta: ” Cuando era bobo usaba una gorra como la del Che Guevara. En mi habitación tenía un afiche con su imagen, luego comprendí que este era un Resentido Social y que éste, sólo se trataba de un embaucador asesino, sediento de sangre…

Cuando era bobo charlaba con mis amigos de juventud, sobre la explotación de los capitalistas, de alienación, de los logros de la Unión Soviética. Hoy, todos sabemos lo que sucedió con ese mundo de mentiras y esclavitud sin embargo, muchos de mis lejanos amigos, con ropajes andrajosos, zapatos rotos y enfermos, persisten en su bobera, sin tener el elemental gas para cocinar y medicamentos para aliviar sus males. Eso sí, con un título universitario …

Cuando era bobo leía a Marta Harneker, Ludovico Silva, Eduardo Galeano y muuuchos más, pero un buen día, cayó en mis manos “Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario”…

Así como lo narra José Ceballos, asi como tantos jóvenes de aquella turbulenta generación “Post Mayo Francés”, que se debatían entre la melodía de Lennon y su “Let it be”, las teorías ecológicas emanadas de los movimientos verdes, las ideas libertarias contenidas en “El Hombre Unidimensional” de Marcuse, y lo complejo del contenido de “El Capital” – tres pesados volúmenes que todo pichón de izquierdista tenía que digerir- así transitamos la senda del pensamiento socialista, pues considerábamos que esa era la vía para alcanzar la libertad, la paz y la justicia. Eran tiempos que nos invitaban a esas experiencias que si bien habían fracasado en la mitad del mundo, pensábamos que tal vez “tropicalizándolas” podrían llevarnos a un feliz porvenir.

Sin embargo, sería este convulsionado Siglo XXI, al cual no terminamos de ingresar precisamente por transitar un disparatado trayecto de nuestra historia, lo que nos demostraría con creces, el error de nuestro juvenil socialismo. Ya en mayo del 68 de aquella “Primavera Francesa” algo nos decía que había otros horizontes más amplios, más claros; puesto que los tanques soviéticos paseándose por Praga no era ninguna imagen que invitase a la unión. Como tampoco todo lo que describía Alexander Solzhenitsyn en su obra “Archipiélago Gulag”, donde una vez más surgían en la pluma de este científico e intelectual las voces de más de 20 millones de seres aniquilados; como también fueron exterminados otros tantos millones de seres por las caprichosa “Marchas” de Mao; por supuesto, sin dejar nunca de lado la barbarie roja personificada en un asesino que ocupa un insigne puesto en el Ranking Mundial de la locura comunista, nos referimos al psicópata de Pol Pot. Si consideran indagar un poco más el por qué vemos ya no con desconfianza sino con terror todo el proceso histórico del comunismo, hay una obra de imprescindible consulta, “El Libro Negro del Comunismo”, libro a varias manos que apareció en 1997 bajo la coordinación de Stephan Courtois, y en cuyo prólogo podrán leer: “Los autores del libro no han sido siempre extraños a la fascinación del comunismo. A veces, incluso, han sido partícipes, desde su modesta situación, del sistema comunista, ya sea en su refrito ortodoxo leninista-stalinista, ya sea en refritos anexos y disidentes (trotskistas, maoístas). Y aunque permanecen anclados en la izquierda −y precisamente porque permanecen anclados en la izquierda− tienen que reflexionar sobre las razones de su ceguera”.

Y es que más que un fenómeno, una mutación o una metamorfosis, ocurre en personas que durante un tiempo de sus vidas tuvieron una determinada convicción o ideología, pero será precisamente el cúmulo de engaños, de desaciertos, de corrupción, de incapacidad, de negligencia en aquello que sirvió de referencia a seguir lo que les lleve a una esclarecedora metanoia.

Ejemplos de estos cambios son muchos. Allí está Albert Camus y su encuentro con “El Hombre Rebelde” quien triunfó sobre el atareado Sartre que se dejó llevar en la defensa del GULAG estalinista, con una actitud tolerante ante las lacras del comunismo justificada en el pragmatismo político.

Referencias más próximas las encontramos en Rómulo Betancourt y varios de sus compañeros de la Generación del 28, quienes también sufrieron de aquel “sarampión”; y aún luchando con tenacidad contra este parapeto de “Socialismo Siglo XXI” pudimos ver a dos bastiones de aquella izquierda, Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, quienes tuvieron una amplísima noción de futuro.

Sin embargo, sería este convulsionado Siglo XXI, al cual no terminamos de ingresar precisamente por transitar un disparatado trayecto de nuestra historia, el que nos demostraría con creces, el error de nuestro imberbe socialismo.

¿Por qué?

Porque mientras la Social Democracia, la Democracia Cristiana y el Liberalismo aceptan el sistema económico de mercado y la necesidad de un estado regulador y hasta partícipe del sector productivo, en la otra acera nos encontramos con un “Socialismo Siglo XXI” que dice distanciarse al del siglo XIX, pero resulta que nunca ha salido de él, puesto que sus enseñanzas surgieron a partir de aquellas teorías filosóficas, históricas y económicas y están encasilladas allí. Porque este régimen mediocre no acabó con las diferencias y los privilegios, sino que los ha intensificado; no ha generado riqueza y bienestar para todos, sino que los concentró en unos pocos; no logró respeto y dignidad para cada uno de los ciudadanos, sino que ha centrado como sagrado un modelo único, vetusto, y fracasado, mediante la burla, la iracundia y la intolerancia; y aún insiste en lograr igualdad, pero sólo haciéndonos a todos iguales en la miseria.

Porque en todas partes donde el socialismo fue puesto en práctica se demostró que conduce hacia la pobreza y el desorden económico. Porque el socialismo se apoya primordialmente en el Estado y en la sociedad y no en el individuo con su responsabilidad y dignidad humanas. Como ciudadano, el individuo tiene deberes para con la sociedad en la que vive y está obligado a subordinarse a las exigencias del interés general o bien común, pero también tiene derechos derivados de su propia naturaleza racional que lo colocan por encima de la sociedad. Hablamos del sagrado derecho de defender a su familia, que en fin de cuentas, es la semilla que permite que la sociedad germine.

Y así como lo narra José Ceballos, ahora releyendo al bien ponderado y recordado Carlos Rangel y su “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” nos encontramos con esta clara sentencia: … “Casi todos los latinoamericanos hemos sufrido el marxismo como un sarampión, de modo que lo alarmante no es tanto haber pasado por esas tonterías como seguir repitiéndolas —o, lo que es peor, creyéndolas— sin haberlas confrontado con la realidad. En otras palabras, lo malo no es haber sido idiota, sino continuar siéndolo”.





Sociólogo de la Universidad de Carabobo. 
Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo





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1 de febrero de 2023

Contra la Sociedad Civil, otra vez. Por Ismael Pérez Vigil

Ismael Pérez Vigil



Contra la Sociedad Civil, otra vez


Ismael Pérez Vigil - Politólogo

28 de enero de 2023



Cada cierto tiempo resucita en el país y en la Asamblea Nacional, la electa en 2020, algún proyecto de ley o intentona para limitar la cooperación internacional a las oenegés venezolanas que se dedican a la actividad de defensa de derechos políticos, derechos humanos, asistencia humanitaria, etc. El año pasado, resucitaron el llamado Proyecto de Ley de Cooperación Internacional, que había sido enterrado hacía un año en alguna gaveta del Palacio Federal y que desapareció nuevamente en poco tiempo.

En esa oportunidad, además de los intentos de criminalización de la actividad de las oenegés, la Asamblea Nacional electa en 2020 (AN2020), con el proyecto de Ley mencionado, pretendía regular las actividades −y sobre todo el financiamiento internacional− de las oenegés; el Proyecto tuvo una sola discusión en la Asamblea, se paralizó su aprobación y fue enterrado no se sabe dónde, durante más de un año. Ahora, nuevamente el régimen viene por sus fueros con otro proyecto, al parecer distinto a aquel. Esas arremetidas son periódicas y continuas y al igual que los anteriores, del actual proyecto de ley, no es de esperar ninguna buena intención o la solución de algún problema.

SC y TSJ.

La “intención del legislador” en la Constitución Bolivariana en cuanto al papel que le atribuye a la sociedad civil, se ha ido “desfigurando”, al irse confiscando o menoscabando sus funciones con varias sentencias del TSJ, dictadas por la Sala Constitucional. En dichas sentencias se busca restringir la participación ciudadana y hasta quitarle el carácter de sociedad civil, contemplados en el artículo 70 de la Constitución y preparar el terreno para que, eventualmente, a futuro −como podría ocurrir de aprobarse este nuevo proyecto de ley− prácticamente ninguna organización pueda considerarse como parte de la sociedad civil u obtener financiamiento interno o externo.

Hasta el momento las sentencias del TSJ, en realidad, no restringen, ni prohíben la posibilidad de actuar o de constituir oenegés o que la sociedad civil se organice u obtenga financiamiento interno o externo. Pero sí limitan las posibilidades de actuar en el contexto de la Constitución Bolivariana; lo que no es poca cosa, pues eso abre la puerta para declararlas ilegales en cualquier momento y así impedir, entre otras cosas, que puedan actuar en alguno de los comités o actividades señaladas en la Constitución en los que se necesite para ello la calificación de organización de la sociedad civil. Es decir, como se señala más arriba, se trata de la confiscación legal o el menoscabo de un derecho por una interpretación del TSJ, pero no se trata, de señalar que su actividad sea ilegal, ni su organización, ni su financiamiento. Las organizaciones de la sociedad civil y quienes las apoyan podrían seguir en su empeño y luchas por los derechos humanos y continuar contando con el apoyo financiero para ellas. Por lo menos, por ahora.

“Nueva” Ley.

Pero la arremetida actual, de concretarse la Ley de Fiscalización, Regularización, Actuación y Financiamiento de las ONG, que fue presentada el martes 24 de Enero en la AN2020, iría mucho más allá de las arremetidas del TSJ y las anteriores de la Asamblea Nacional contra la sociedad civil. En anteriores oportunidades la AN limitó algunas actividades y participación a la sociedad civil; por ejemplo, en el Comité de Postulaciones para designar el CNE, favoreciendo una mayor participación de los partidos políticos. Y aunque lo anterior iba contra sentencias dictadas por el propio TSJ −como la del 21 de noviembre de 2000− que señala que las organizaciones y partidos políticos “… no conforman la sociedad civil, sino la sociedad política cuyos espacios están delimitados por la Constitución y las leyes...”, se limitaba a ese comité de postulaciones, no arremetía contra las funciones, objetivos y recursos financieros de las oenegés.

Los intentos en 2021 y 2022.

La tentativa actual va mucho más lejos, pues pretende corregir, mediante una ley, el intento del Gobierno electo en el año 2018, con dos providencias administrativas, en marzo y mayo de 2021. Se recordará que en esa oportunidad la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, con base en la Ley Orgánica que lo crea −sin ninguna justificación legal− crearon un Registro Unificado de Sujetos Obligados ante la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo (RUSO-ONCDOFT), por el cual se pretendió, el establecimiento de ese registro, en el que debían figurar, entre otros, los objetivos, actividades, aliados, directivos y personal de las mismas.

Desde luego, en esa oportunidad la reacción de las oenegés afectadas fue contundente, denunciaron la ilegalidad de la providencia ante organismos internacionales, la opinión pública nacional, el propio Gobierno y el TSJ; se declararon en rebeldía frente a esta disposición y manifestaron que no procederían a hacer el mencionado registro que, hasta la fecha, no ha podido establecerse y el Gobierno no ha hecho intentos por forzar su aplicación. Lo anterior no quiere decir que el gobierno se cruzó de brazos, pues bien sabemos de los intentos de criminalización de la actividad de las oenegés.

Tras esos intentos de criminalización, la Asamblea Nacional 2020, comenzó a discutir un Proyecto de Ley de Cooperación Internacional para regular las actividades −y sobre todo el financiamiento internacional− de las oenegés; el Proyecto tuvo una sola discusión en la Asamblea Nacional y se paralizó su aprobación desde hace más de un año. Resurge ahora como una “nueva” ley, que llamaremos de Fiscalización.

Lo importante, por los hechos descritos, del TSJ, el Gobierno y la Asamblea Nacional 2020, es que la amenaza contra las organizaciones de la sociedad civil sigue pendiente y −como ya hemos visto− tal parece que ahora se activa de nuevo, al aparecer esta Ley de Fiscalización, que fue presentada el pasado martes 24 de enero en la Asamblea y que pretende regular los recursos y el financiamiento de las oenegés.

El intento del 2023.

Con respecto a esta nueva intentona, esperamos de las más de 500 organizaciones de la Sociedad Civil, que frente a la anterior emitieron y circularon un documento denominado: “Organizaciones de la sociedad civil rechazan proyecto de ley anti-solidaridad que cierra la cooperación internacional.”, en el cual analizaron a fondo dicha Ley y los prejuicios que podía ocasionar, vuelvan a emprender iniciativas similares y alerten nuevamente al país y a la comunidad internacional, acerca de los peligros que encierra este nuevo amago contra las libertades públicas, los derechos humanos y los continuos intentos del régimen venezolano de hostigar, controlar los recursos y criminalizar la actividad de las oenegés, defensoras de los derechos humanos y asistencia humanitaria.

El actual ambiente de protesta en el país, protagonizado por organizaciones de maestros, profesores y trabajadores públicos y la recién finalizada visita al país de Volker Türk, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, son una buena ocasión para denunciar este nuevo intento contra los derechos civiles, políticos y humanos en Venezuela.

Conclusión.

No sabemos si se trata de uno de esos intentos de intimidación, un nuevo “trapo rojo” para distraer la atención de cualquier de los múltiples y graves problemas del país, sospechamos que sí; pero, debemos estar atentos, sin bajar la guardia, para que no se cumpla la famosa fábula de “El pastorcito mentiroso y el lobo”, que de tanto gritar y bromear: “Ahí viene el lobo, ya viene el lobo, el lobo, el lobo…”, cuando éste llegó de verdad, nadie salió a defenderlo.

 Https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

P.S.

Quienes quieran revisar las funciones que la Constitución le atribuye a la sociedad civil y como se han disminuido, confiscado o menoscabado estas funciones en las sentencias del TSJ, invito a verlo en el siguiente vinculo:

-       La Sociedad Civil Resiste en https://bit.ly/3mWlhuM)